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Propuesta por Hermes Vazdekis · 15 de septiembre de 2026
Según José Antonio Marina, lo que sí es respetable es la libertad que tenemos a expresarnos sin inquisición. Sin embargo, hay opiniones que individualmente no tienen por qué respetarse.
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Entra para participar¿Qué es respetar una opinión? ¿Qué es irrespetarla? ¿Qué es una opinión? ¿Repetir una opinión a la que no has llegado mediante tu propio criterio y razonamiento es realmente una opinión? Según la RAE, la palabra "opinión" significa "juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.". Partiendo de esta premisa, la última pregunta puede responderse fácilmente. Para que se forme una opinión debe haber una valoración, y además debe estar formada por el individuo. De lo contrario, serían meras repeticiones sin valor argumentativo. Irrespetar una opinión sería, a su vez, irrespetar el proceso de análisis, razonamiento y reflexión de otro ser humano. Independientemente de cuál sea dicha opinión, irrespetarla sería denostar la capacidad cognitiva de quién la haya formulado. Para mí, por tanto, una falta de respeto a una opinión subyace una falta de respeto a quien la confiere. Por otro lado, respetar una opinión y reconocer su valor conlleva analizarla, y dado el caso, criticarla o iniciar un debate. El debate y la crítica llevan a nuevas posiciones, nuevos argumentos y, en definitiva, a nuevos aprendizajes. Irrespetar una opinión solo lleva a la ofensa, a la polarización y, en última instancia, a la segregación ideológica. En contraste, respetarla lleva a acercamientos, progreso intelectual y conciliación. Pero entonces, ¿por qué deberías no respetar una opinión? Simplemente porque es más fácil. Es más fácil poner una etiqueta que analizar su pensamiento. Es más fácil creerte superior que enfrentarte a tus propios preceptos. Aún así, démosle el beneficio de la duda al señor José Antonio Marina e imaginemos una opinión prácticamente imposible de analizar, que no tenga el más mínimo sentido, que sea, bajo nuestra perspectiva, irracional. En dicha situación, ¿deberíamos tirar la toalla? O, por el contrario, ¿deberíamos valorar la importancia social de cualquier opinión? En caso de creer que el mejor camino es el segundo, procederíamos a buscar las causas de la creación de esta opinión, ya que, si a una persona se le ha ocurrido, es probable que se le pase por la cabeza a más personas. Quizás así encontremos la raíz de la discrepancia y podamos afrontarla y volver a una situación más integradora. Tirar la toalla sería discriminar a una idea, y con ella, a quienes creen en esta. De este modo volveríamos al plano de la radicalización, la polarización y la atomización de la sociedad. En conclusión, no es que crea que todas las opiniones son respetables, sino que pienso que todas tienen que ser respetadas. Solo así se fragua una sociedad fuerte, sana, justa, unida y próspera.